Hacia una política del espacio social en la revolución ecuatoriana del siglo XXI

JIMENEZ PACHECO, Pedro. Calle de Barcelona en la Fiesta de Sant Joan. (Marzo, 23, 2017)

La calle como espacio del goce: Calle de barrio durante el día de la Verbena de San Juan. Barcelona, España. Pedro Jiménez, 2017.

Para hacer una revolución urbana verdadera que contribuya en la transformación de la sociedad y de la vida, no bastará solo con dignificarla sino habrá que conducirla en otro sentido, cambiándola. Siguiendo la teoría y ‘tradición’ lefebvriana, el desafío de esta era nos obliga a pensar otra sociedad en otro espacio; a intentar traspasar unos límites históricamente instrumentalizados por la codicia de supervivencia del capitalismo. En la actualidad, estos límites están situados en la reproducción de las relaciones de producción neoliberales (relaciones sociales que van más allá de la crisis del proyecto neoliberal tal como lo percibimos). En efecto, si Ecuador quiere forjar la transformación y sumar en esta lucha civilizatoria, requiere otro marco político del espacio. No será suficiente la proclamación del derecho a la ciudad o de un hábitat seguro y saludable. Tampoco es suficiente la voluntad de solucionar el ‘problema’ del déficit cuantitativo de vivienda (así lo hagamos), u otras propuestas como incentivar la recuperación estatal de suelo público, o promover el comunitarismo pero en nuevos guetos. En primer orden, es fundamental ponernos de acuerdo sobre la necesidad de erigir un bloque de políticas del espacio social con dos objetivos principales: 1. Frenar hasta revertir el desarrollo geográfico desigual realmente existente. 2. Reemplazar las relaciones de propiedad por las nuevas relaciones de apropiación, uso y goce del espacio/en el espacio. Tales objetivos nos obligan a definir una primera etapa con segmentos específicos y otros concurrentes destinados tanto a la producción del nuevo espacio social, como a la evolución del espacio social producido. No obstante, dicha etapa preparará el siguiente momento autogestionario.

En segundo orden, partimos de varias consideraciones esenciales: a) Que el espacio es un producto social, por tanto político y estratégico. b) Que tanto el espacio social de nuestras ciudades como el territorio nacional se constituyeron en su génesis colonial y se han desarrollado históricamente en la forma estructurante centro-periferia, desatando su realidad actual: fragmentado, homogeneizado y jerarquizado. c) Que el gobierno nacional durante los últimos años, en su afán por transformar el Estado, se ha preocupado por crear 8 centros adicionales (coincidentes con las zonas de planificación y gestión desconcentradas) en proceso de formación: Guayaquil, Cuenca, Loja, Ibarra, Tena, Ambato, Montecristi y Milagro. d) Que las fórmulas actuales de distribución de las rentas a municipios también han intensificado la desigualdad en los territorios. e) Que el Estado se ha dotado de instrumentos e instancias útiles, desde la misma Constitución (2008), los Planes nacionales de desarrollo, el Código (COOTAD), la Ley del Suelo, las nuevas Consejería de Hábitat y Superintendencia de control de uso del suelo, las subsecretarías de planificación zonal, la Ley de regulación de plusvalías, el programa de economía social y solidaria, etc. f) Que la escala de las políticas en los niveles provincial, municipal y parroquial, sostienen y reproducen las relaciones clientelares en detrimento de un desarrollo equilibrado. g) Que la voluntad de transformar el Estado es sólo un medio para conseguir transformar la sociedad como tal. h) Que ‘mejorar’ la vida de los pobres o dignificarla, no implica su transformación accidental en la dirección deseada. Si al hacerlo, el Estado condena a las clases populares a un futuro segregado y rentista, a saber insostenible para las siguientes generaciones, habrá fracasado en su intento revolucionario.

A partir de este examen general, se plantean un conjunto de recomendaciones, capaces de penetrar –desde arriba y abajo– varias capas institucionales, para su reflexión, y fundamental debate en el diseño e implementación de una política radical del espacio social en Ecuador. Valga advertir que estas recomendaciones sólo alcanzan una propiedad doble de transversalidad-multiescalar. Superando su inusitado encadenamiento, no responden a ninguna lógica especializadora más que a una ciencia del uso del espacio al servicio de lo posible.

Empezamos por la exigencia de suplantar la ambigüedad del principio reformador recogido en la función social del suelo, por lo revolucionario de avanzar hacia la restauración del predominio del uso de la tierra. En el caso ecuatoriano, a pesar de haber transcurrido 10 años del gobierno de la revolución ciudadana, no se puede descartar, incluso radicalizando los procesos, que la concreción de una transformación media pueda tomar una década más. En medio de esta incertidumbre, creemos que el Estado debe acompañar necesariamente durante la primera etapa (aprendiendo con la gente) la cogestión del suelo y de los recursos naturales, esto es hacer pedagogía social. Además, tiene la responsabilidad de promover la asociación y la organización, preparando las condiciones para la autogestión por parte de la comunidad. En términos amplios la autogestión no será únicamente de la propiedad, la construcción u otros recursos, sino de la reproducción y la vida colectiva en si misma.

Parte de la tarea ejecutiva y legislativa, al abrir la llave de la inversión, es que los presupuestos públicos nacionales y municipales prioricen el contraflujo periferia-centro, sobre todo en el espacio social producido. Atendiendo en todo momento a las periferias de los nuevos centros nacionales y a las periferias de los distritos que actuarán como nuevos centros dentro de las ciudades. Del mismo modo, la fórmula de distribución de la renta, del Estado central a los municipios, debe incluir un factor de desigualdad territorial o en su defecto una variable de justicia espacial, para que exista auténtica (re)distribución.

En otro aspecto fundamental, creemos que bien el Código y/o la Ley deben incorporar con más firmeza desincentivos a la parcelación (lotización), es decir, a la fragmentación generalizada del suelo. En esa dirección, tomando en cuenta el efecto de justicia(1) en el acceso a la vivienda creado por la Ley de Plusvalía, es necesario perfeccionarla para corregir la posibilidad de acumulación por especulación en urbanización y en vivienda a través de lobbies nacionales o transnacionales entre actores privados (inversionistas) y públicos (funcionarios).

Para avanzar hacia una descentralización real, radical en Ecuador hay que definir un nuevo marco de re-escalamiento de la política. Empezar por poner atención en la redistribución de poder, no únicamente de la responsabilidad competencial con recursos financieros, siendo esta la fórmula perfecta del clientelismo estructurado sobre la base electoral de una endeble democracia representativa(2). Para esto hay que revisar con detalle los mecanismos de contención del poder y los dispositivos centralizadores tanto en lo orgánico y legislativo, como en lo presupuestario. Además, dicho re-escalamiento se comprende a partir de un nuevo espacio social hipercomplejo, multi-escalar, con una multiplicidad de capas, y que no se delimita en la escala administrativa y política fijada, menos en la planificación tradicional; sino que se entrecruza o yuxtapone en todos los casos. De ahí la importancia de propuestas como la mancomunidad, pero también de la idea de ciudad como un terreno de mediación inter-escalar y no otro centro urbano de acumulación de capital, poder y violencia. En esta dirección, es necesario el reemplazo progresivo de las escalas administrativas o tratos barrio-parroquia, parroquia-ciudad y parroquia-provincia, por las políticas de escala: barrio-distrito, distrito-ciudad, y ciudad-mancomunidad o zona.

La posibilidad de transformación de las relaciones en el espacio social producido es más difusa, sin embargo, entre reguladores y controladores del uso del suelo, nunca sin los vecinos –aún, si son pocos los que quedan– deberán impulsar la des-programación de los espacios de consumo: a) regulando los flujos de inversión urbana salvaje; b) promoviendo el consumo de proximidad en los intersticios entre lo público y lo privado; c) rehabitando mucho del espacio cedido al comercio, subordinándolo al habitar –sin que una actividad desaloje a la otra– y; d) posibilitando la realización del goce principalmente en las calles, los espacios de representación y el espacio privado. Parte de una estrategia para rehabitar los antiguos centros, afectados principalmente por el efecto de implosión-explosión, es buscar acuerdos con los programas públicos de vivienda; con la finalidad revolucionaria de monumentalizar socialmente aquellos espacios de representación. Llenarlos de apropiación vecinal, ¡no de industria turística!

Siempre defenderemos un plan de producción del habitar en comunidad, y no del hábitat como una función asignable del urbanismo moderno altamente recomendada por agencias supranacionales. El Plan que impulsa el gobierno debe buscar una densificación relativa que combata el modelo de dispersión de la urbanización privada. Es posible plantear –en esta etapa– la convivencia de más de una clase social (evitando la conformación de guetos) con el objeto de establecer nuevas comunidades urbanas hechas por y a pesar de sus diferencias. Es indispensable favorecer la diversificación de la oferta de vivienda en régimen de propiedad colectiva, cooperativa, comunal, etc. No olvidar la promoción de la vivienda en alquiler social. Apuntalamos la importancia de reducir sustancialmente el fomento público de la propiedad privada y la ampliación progresiva del suelo público, pero con la perspectiva de que en la segunda etapa (a mediano plazo) pase a ser gestionado por la propia comunidad.

título de propidad monte sinai

¿Quién financia el programa? Si lo hace el Estado, sector privado, bancos, o entidades internacionales, o quien fuere, deberá hacerlo bajo un principio de inversión social. Sobre la base del funcionamiento de éstos planteamientos. ¿Quién contrata? Una comisión tecno-política transdisciplinar para el habitar en comunidad. ¿Quién programa y diseña el espacio? Universidades, colectivos y usuarios. ¿Quién construye el espacio? En la primera etapa, el sector privado junto a diseñadores y usuarios, siempre, bajo los fundamentos que se discuten en estas recomendaciones.

En tercer orden, pero no menos importante en apego a los objetivos principales, planteamos la des-homogeneización del espacio urbano-arquitectónico, primero del espacio institucional estandarizado y atravesado por modelos de planificación de predominio economicista y luego de los espacios de ‘creación’ arquitectónica, en ambos casos sometidos al orden funcionalista, estructuralista o formalista en alabanza a la dictadura del ojo, que buscan dominar en todos los casos al espacio y tiempo vividos (siempre sin conseguirlo). Así, la infraestructura institucional debe dar el salto de lo ‘socialmente necesario’ a lo socialmente producido, sin que lo primero sea descuidado. En el mismo sentido, la creación arquitectónica debe volver a reflexionar los códigos en las escuelas y aprender a imaginar-crear con el que habita (a partir de su cuerpo y sus deseos), en un ejercicio de transdisciplinariedad continua con las ciencias sociales y la realidad humana. El desarrollo y aplicación de los conceptos permitirán expresar una arquitectura y un urbanismo diferenciales, orientadores en el proceso de diseño del espacio para estimular la producción de las diferencias máximas y no la inducción de diferencias mínimas. Esta profundización conceptual prioriza la superación de las contradicciones fundamentales para cada caso, de la mano de un estudio de los espacios capaces de preparar y guiar la realización del goce. No olvidemos que los lugares no tienen manera de dar a los seres lo que sólo puede venir de ellos mismos, ‘la vitalidad conocida como deseo’. De igual forma, recordamos que un sitio del goce, asume la presencia de cuerpos, los hace disponibles por desprendimiento de cualquier obstáculo que lo impida.

Esta estrategia debe tener siempre presente algunas de las palabras aleccionadoras en la teoría de Lefebvre (1973) para el arquitecto, tanto en el momento del espacio-análisis, como en el momento de la imaginación y la creación de nuevos espacios: el arquitecto valorará lo multifuncional y lo transfuncional en lugar de lo simplemente funcional. Dejará de fetichizar (separadamente) la forma, la función, y la estructura como los significados del espacio. En lugar de la idea formal o más bien formalista de la perfección, el arquitecto la sustituirá por la idea de la perfección incompleta (la cual se persigue, se busca en la práctica), o, en todo caso la del estado incompleto perfecto, la cual descubre un momento en la vida (expectativa, presentimiento, nostalgia), proporcionándole una expresión mientras hace de ese momento un principio para la construcción de ambientes favorables para el urbanismo diferencial. “No es a través de la forma sino del contenido… que el arquitecto puede influir en la práctica social”

(1) Al no existir aún una valoración cuantificada de los beneficios, se observa de manera empírica la reducción de un 20-25 % en los costos del alquiler en el área metropolitana de Quito, a través de los medios de comunicación y la información disponible en asociaciones inmobiliarias y plataformas virtuales de alquiler.

(2) La democracia representativa y sus espacios instrumentales en la ciudad como dispositivos de re-producción de las relaciones de producción neoliberal, el caso de Concejos cantonales y Juntas parroquiales. El manejo de espacios de poder político bajo el sistema clientelar reproduce las relaciones de dominación (cooptación, explotación) y de dependencia (política económica institucional). La principal consecuencia, a raíz de la atención diferida de las demandas y la ‘sacrificada’ inclusión en los presupuestos, es el cobro del favor político, por intermedio de dirigentes barriales u otros órganos subalternos propios del sistema (por ejemplo: el trato Prefecto-Presidente de Junta) lo que permite la cooptación de la organización, de su movimiento, su pulsión colectiva o comunitaria. En el caso de los concejales, como se devela en el MDMQ, la repartición inorgánica y administrativamente conflictiva de espacios de poder, garantiza la fuerza estructural en la institución para imponer la agenda partidista y la distribución territorial de las cargas de cooptación y explotación. Todo esto en nombre de la democracia.

“El espacio: producto social y valor de uso”: Henri Lefebvre

En colaboración con la plataforma Marxismo Crítico que ha tenido a bien publicar esta traducción inédita al español de una conferencia de Henri Lefebvre con una pequeña introducción de mi parte, en aporte a la difusión abierta del conocimiento de la teoría crítica en general y al estudio de la teoría radical del espacio social en particular. Este esfuerzo se materializa en una pieza de gran concreción política en la teoría espacial de Henri Lefebvre, prácticamente desconocida en Hispanoamérica. Trabajamos para actualizar a Lefebvre y que ¡trascienda a la acción!

Introducción: Henri Lefebvre: un ‘programa común’ hacia un espacio socialista, por Pedro Jiménez Pacheco

En Francia entre los años 1972 y 1977, los partidos de la izquierda institucional (Partido Comunista Francés, Partido Socialista y Movimientos Radicales de Izquierda) finalmente llegaron, no sin dificultad, a unirse en la Union de la gauche con el objetivo de desarrollar un ‘programa común’ para la conquista electoral del poder en una perspectiva de ‘transición al socialismo’. Dentro de este marco, al no existir un análisis serio y profundo sobre la especificidad de la dimensión espacial de la dominación capitalista, y casi nada de lo que podría o debería ser un ‘espacio socialista’, esta sería una nueva oportunidad para que Lefebvre se detenga a llenar esta deficiencia teórica. Así pues, en el año 1976, participó en muchos debates dentro y fuera de los partidos de la Unión de la Izquierda. Uno de ellos, en torno…

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La clase media políticamente fragmentada en Ecuador: un pedazo de la izquierda que baila para la derecha

‪Cada día confío más en la honestidad del vicepresidente, en parte gracias a la mediocridad del conjunto de la oposición y su despreciable estrategia manipuladora, pero también, por cómo él y el gobierno han encajado varios ataques. Esta apreciación la lanzo desde una orilla físicamente lejana, por tanto, toma forma de intuición, pero intenta moverse por el sendero más apegado a la verdad.‬

‪A partir de aquí, es de sorprenderse o no, por la ingenuidad de una fracción de clase media, en apariencia traicionada y en realidad manipulada, que ha hecho el juego a la derecha más arrogante del país, sobre todo, en época de campaña.‬ Si esa fracción “izquierdista” (manipulada y resentida) de la clase media, no reacciona –el 19F– por la única izquierda posible, entonces más vale que se plantee ser una alternativa y participe en las próximas elecciones, en vez de ser –como ha sido en los últimos meses– directa o indirectamente, muleta de una derecha latinoamericana que se muestra implacable.

Esta fracción compuesta en buena medida por una burguesía intelectual crítica (pero no autocrítica), se instala en una zona de comfort más amplia: la del “nadie nos representa”. Y aunque sigan siendo una minoría (nada silenciosa, por cierto), su voz se amplifica a través de los medios tradicionales y tecnológicos, que a su vez, buscan imponer una agenda propia, interesada únicamente en reproducir las relaciones y medios de producción neoliberales que los perpetúan.

Dentro de este grupo, incluso los más atentos intelectuales ya no hablan del neoliberalismo, porque saben que está muriendo, y de forma “bien” intencionada, lo están sofisticando, ósea naturalizando, humanizando bajo la sombra de un post-neoliberalismo global, que entre otras cosas, quiere salvar un mundo donde hay pobres y no a los pobres del mundo. Esto implica en último término, ampliar las desigualdades con los más ricos en un sistema capitalista menos salvaje, que trata por todos los medios de mejorar las condiciones materiales de la fracción hegemónica (fácilmente identificable) de esa clase media.

Es de suponer que la fracción de izquierdas (más difusa) no incidirá en los resultados del #19F, aunque francamente no lo sé. De algo estoy más seguro, así lo haga o no, seguirá en el cajón, sub-útil, y peor aún, en el campo ciego del proceso, por mucho o poco que tenga de transformador –a mi parecer, mucho–.

Claramente lo digo, si mi primera intuición falla, el ingenuo habré sido yo, y no ellos, sin que esto desautorice, necesariamente, el resto del análisis.

Las vísperas del #19F

FIFTY-YEARS ON: The Right to the City

andy merrifield

2017 marks the Golden Jubilee of Henri Lefebvre’s Right to the City, his “cry and demand” for a more participatory and democratic city life. It’s a cause both to celebrate and commiserate. But celebration and commiseration have typically been part and parcel of the Left’s dialectic, a dialectic that cuts inside us as people as well as political subjects. For everyone concerned about the fate of our cities, before us now lies a massive expansion of urban life across the planet, an opening up of urban horizons and frontiers, matched by a closing of the political mind, a withering of the established political will.

Ours is an urban society, set to be evermore so during the decades to come; yet political leaders almost everywhere are putting up walls, cowering before provincial smallness rather than embracing cosmopolitan vastness. When Lefebvre long ago spoke of “planetary urbanisation,” he did so because…

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#LeyDePlusvalía Ecuador, no podemos viajar al futuro pero lo estamos estudiando

Más allá del cálculo de arquitectos, urbanistas y profesionales de la construcción, algunos al descubierto en sus cuentas de redes sociales, casi todos calladitos desde el despacho o el aula, ¿cuándo la vivienda dejó de ser el hogar, el lugar de habitar y se convirtió en el espacio de negocio de unos pocos?

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Promotores inmobiliarios de vivienda en particular, cámaras de comercio y construcción en general, así como políticos e inversionistas con intereses comunes a los anteriores, desnaturalizan y degradan la “función” de la vivienda. Ellos aseguran que la vivienda para el ecuatoriano promedio es un símbolo de estabilidad y una oportunidad de inversiones, de capitalizar ahorros y de asegurar el futuro y mejores condiciones de vida para la familia. A partir de allí, todas sus tesis de oposición a la nueva Ley de Plusvalía son ideologizadas, interesadas y tecno–lógicas. El espacio abstracto y mercantilizado que defiende esta clase poderosa y minoritaria de la sociedad, y en el que pretenden que vivamos, es su espacio de negocios, mediante el cual, pocos, muy pocos se enriquecen extraordinariamente. Algunos profesionales de la construcción incluso acusan a los hacedores de la Ley de desconocer el fenómeno inmobiliario –quizá hasta tengan razón. Yo me pregunto ¿cuánto debemos esperar para que estos profesionales –probos expertos inmobiliarios– diseñen una ley que regule la gestión de plusvalías? ¡Nunca lo harán! Es evidente que la Ley tendrá como cualquier norma, la posibilidad de perfeccionarse y ajustarse, primero en los debates asamblearios, luego en la práctica y su aplicación diaria.

La Ley permite las ganancias ordinarias y extraordinarias (regulándolas), NO hace ningún efecto para quienes [tienen] que vender su casita (por una vez), también establece una transitoria que segmenta en el tiempo las diferentes opciones de transferencia de los bienes. Tanto como, no debemos dejarnos confundir por quienes controlan el mercado inmobiliario, es fundamental no dejarnos alienar como sociedadLas personas que adquieren una casa, la compran con la ilusión de vivir en ella, de habitarla, de usarla, de disfrutarla y tener una vida privada digna con su familia, o en solitario. Además, no todos pueden comprar una, mucha gente vive de alquiler y estoy seguro que lo hacen buscando exactamente lo mismo, es la naturaleza humana.

En cualquier caso, quienes tengan la intención de hacer un negocio del suelo y su edificación, ¡podrán hacerlo como siempre! Sólo que ahora, el mercado empezará a regularse y parte de su legítima y abultada ganancia será redistribuida nuevamente a la sociedad. En mediano plazo, veremos resultados: esperamos en principio el incremento del acceso a la vivienda de precio justo, razonable, equilibrado; ya no disparado por los efectos de la especulación y externalidades mediadas casi siempre por la magia de los bienes raíces. A largo plazo, apostando por una política pública desde abajo y una democracia directa, será posible facilitar el acceso a la ciudad, el ejercicio real del derecho a la vida urbana (en proceso de transformación)

En efecto, los resultados fruto de la redistribución también permitirán avanzar en la corrección de las desigualdades entre los eternos propietarios de la tierra y los que nunca serán propietarios de nada, porque así es la vida, y no pasa nada… Finalmente, si se consigue que una parte del excedente de capital de los inversionistas ya no vaya directamente al ladrillo, se evitarán crisis inmobiliarias como la que en 2008 azotó al mundo y que se encuentra en proceso de desplazamiento; en contrapeso —para quienes se preocupan tanto por la pérdida de empleos debido a la amenaza de siempre de desinversión privada— es necesario intensificar la promoción, diversificación y financiamiento de construcción publica, pero de alta cualificación. ¡Ese si es un desafío!

Sólo hay un futuro urbano para todos y la Ley abre esa posibilidad. El camino será muy duro.

Objetivo, la Vía Laietana

Conflictividad y realidad urbana en Vía Laietana, Barcelona.

Marea Urbana

José Mansilla, Giuseppe Aricó y Marco Luca Stanchieri. Miembros del Observatori d’Antropologia del Conflicte Urbà (OACU). Número 0.

El próximo septiembre se cumplirán 156 años desde que la Reina Isabel II colocara la primera piedra de unas obras que estaban llamadas a cambiar el presente y el futuro de Barcelona: El Plan Cerdà. Aunque el planeamiento original del ingeniero catalán contemplara, además del famoso Eixample, la apertura de tres vías que atravesaran el centro histórico (sendas prolongaciones de las calles Muntaner y Pau Clarís hasta el puerto y otra avenida, perpendicular a éstas, que pasaría por delante de la Catedral), no fue hasta que el arquitecto y urbanista Àngel Baixeras retomara el proyecto a finales del siglo XIX, que se diseñó y ejecutó al menos una de ellas: la Via Laietana. La apertura de esta avenida no comenzó hasta 1908, ya muerto Baixeras, dándose por acabada pasado, exactamente, medio siglo.

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“SI PENSAMOS EN TÉRMINOS METABÓLICOS, LA CIUDAD NO ES INDEPENDIENTE DE TODAS LAS REDES Y FLUJOS QUE LA SOSTIENEN”: David Harvey.

David Harvey desde el mercado de San Roque, en Quito, Ecuador.

Redacción Lalineadefuego y el Observatorio del Cambio Rural

24 de octubre 2016

‘’La lucha en San Roque tiene que ver con la preservación de la historia cultural de la población indígena, por la defensa de sus formas culturales’’.

David Harvey, no solo es distinguido profesor de Antropología , sino al mismo tiempo probablemente el geógrafo académico marxista más citado del mundo.

Gracias a sus aportes en temas como el derecho a la ciudad y su cercanía a las organizaciones del  Mercado de San Roque, en el contexto de Hábitat III Harvey conversó con OCARU y Lalineadefuego respecto al papel de los mercados populares y la Soberanía Alimentaria en las ciudades.

¿Qué debemos entender cuando nos referimos al Metabolismo Social en las ciudades?

Uno no debe acercarse al tema de la ciudad en términos mecánicos. Tenemos que pensarla orgánicamente. Es necesario verla como algo que está en crecimiento, como algo…

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Algunas preguntas para pasar del ‘default’ neoliberal realmente existente al derecho a la ciudad verdadero

¿Existe un tejido asociativo en su ciudad? Si logra reconocer ese tejido, ¿de qué tipo es: obrero, parroquial, barrial, vecinal o tal vez ciudadano? ¿Cree usted que se han dado las condiciones para su fomento? Dado que estará pensando en alguna organización en particular, ¿considera que ese tipo de organización cuenta con capacidades de articulación, proposición e incidencia en sus propias condiciones de vida?

Quizás ‘eso que hay’ es una desfasada estructura de dirigencia barrial o parroquial, que tiene una sola posibilidad, marcada por el aparato central, como espacio de cooptación y clientelismo electoral. Si es así, ¿qué rol cumple la democracia urbana en la actualidad? ¿Será una forma de dominación primitiva? Por tanto, ¿necesitaremos más y mejor democracia en nuestras ciudades? Claro que si. ¿Y entonces qué acontecimientos tienen que ocurrir para desmantelar una tecnocracia participativa, institucionalizada, ‘ciudadanizada’, inamovible en nuestra cómoda vida urbana?

vieja-politica

Primero, intentar despertar del sueño neoliberal generalizado. Empezando por plantearnos, ¿qué es eso de humanizar, feminizar la política, politizar lo urbano y llevar los conflictos de la ciudad a su traducción y resolución en la vida cotidiana? ¿Desde dónde? A partir de la crítica radical, la autogestión y la política de lo cotidiano. ¿Cómo? Formando ‘bandas de garaje’ con vecinos, preocupados o no, relajosos o no, que quieran desconfigurar la calle, luego la manzana, el barrio, y así sucesivamente. Allí dentro, en el garaje prestado, habrá que intentar comprender: ¿qué, quién o quiénes mandan en la ciudad; qué rol cumplen el actual aparato municipal y la universidad en la cotidianidad, y en otro nivel: el urbanismo, la planificación, la economía o la arquitectura; y por supuesto, qué rol cumplirían todos estos agentes en el curso de los acontecimientos que queremos provocar?

Sólo conformando estratégicamente unas cuantas bandas de garaje que actúen como mecheros, colectivos y ensamblados, podremos ser capaces de encender la luz para desvelar las trampas de la democracia local y proponer su transformación en el horizonte de ‘lo urbano’ (como un todo rural-urbano, sin centro ni periferias), y en el marco de ‘lo cotidiano’ en apego a un nuevo humanismo radical.

Más allá de la solidaridad y las metodologías internacionales

Nicolas Riofrío_Pedernales_05:2016

©Nicolás Riofrío, (mayo/2016). Pedernales

Ante una propuesta, que nos habla de ‘solidaridad incluyente y desde abajo’ como enfoque sobre la cuestión de la recuperación post-terremoto, en tanto que considera que la (re)-(in)-surrección de la sociedad ‘civil’ es la única que puede resolver la situación crítica de cara al evento natural, en la medida en que nuestras instituciones sencillamente no estuvieron y no están preparadas para prevenir ni afrontar una catástrofe de esta magnitud; es evidente que se trata primero de una mistificación del estado en el planteamiento del problema y luego de una banalización de la sociedad en la solución.

Al estado se lo declara culpable, cosa que si así fuera (quizás en parte, corresponsable en la etapa pre-evento), no implica que no se requiera de una institucionalidad (post-evento) que resuelva las necesidades inmediatas o diferidas de la sociedad a otras escalas además de la local. En cuanto a lo segundo, más allá de las demostraciones de una solidaridad ‘civil’ generalizada como una condición humana, a lo que realmente debemos aspirar, es a la transformación de la realidad socio-espacial y económica de los pueblos damnificados, y para ello no es suficiente fijar como objetivo la ‘continuidad de su vida’ (como se sugiere). Por tanto, hace falta reconocer, al igual que la necesidad de una sociedad crítica, una crítica de la sociedad: si bien generosa y solidaria ante la emergencia en el desastre; pero indiferente, individualizada, apolítica y amnésica frente a nuestras estructuras particulares de injusticia y desigualdad social.

La aspiración de transformación de la realidad espacial y socio-económica de las comunidades asentadas en los poblados damnificados implica ¡cambiar su vida! por tanto, los vecinos afectados son quienes deben asumir ese cambio. ¿Cómo? ¡Produciendo su hábitat! Las instancias públicas (GADs, universidad y estado) están obligadas, más allá de las ‘metodologías internacionales’ a planificar y construir los mecanismos -ensamblados, en diferentes escalas y formas de colaboración horizontal- que posibiliten esa producción social del espacio, para dar una señal concreta de revolución territorial con la gente, en el mediano y largo plazo. Si la sociedad ‘externa’ (profesionales y voluntarios en general) no se articula, su aporte cualitativo sería puntual y se reduciría a muy poco en esta etapa.

De Pie Ecuador: producción social del hábitat post-catástrofe

En el marco de un sinnúmero de respuestas ante la emergencia provocada por la catástrofe sísmica en Ecuador, no cabe sino elogiar la energía de un pueblo volcado a ayudar, articulado (no sin dificultades) a los sectores público, privado e internacional. Con la consigna de ‘primero la vida’, están obrando prodigiosamente sobre un plan de emergencia nacional en ejecución, y ofreciendo en esta primera etapa un rostro esperanzador en medio de un proceso complejo de larga duración. En este contexto, sembrado de dolor, ilusión e incertidumbre, cabría preguntarse ¿Y luego qué? Bajo esta consideración me permito hacer una pequeña reflexión sobre la cuestión del espacio social, mientras transcurren las acciones de emergencia.

En un escenario post-emergencia humanitaria, es indispensable que la recuperación física de las áreas devastadas en los pequeños y medianos poblados damnificados, sea una palanca transformadora de la realidad espacio-marginal de los grupos humanos allí asentados. Si bien, ahora mismo el tejido social ha estallado, eso no significa que estos grupos, económicamente vulnerables, luego de un tiempo todavía indeterminado, puedan recuperar también lo mejor de su cotidianidad y de sus relaciones sociales. Es precisamente en este campo que la recuperación física debe apuntalarse, propendiendo a la producción colectiva de espacios comunitarios con el presupuesto y acompañamiento de las instancias públicas planificadoras y ejecutoras, tanto a nivel nacional como local.

Insisto en la idea de -presupuesto y acompañamiento público- para la producción social del hábitat: vivienda, calles, aceras, parques, servicios, equipamientos, espacios de asociación, ocio y deporte, etc. Pues no es difícil imaginar, que muy pronto empezarán a llegar los proyectos de reconstrucción a gran escala, en la lógica siniestra del capital y la seguridad, que exploten hábilmente las plusvalías, obteniendo no solo el mayor valor de cambio del suelo (público y privado), sino también el máximo provecho del cuadro de necesidades y desesperación de los seres humanos. Entonces se promocionarán urbanizaciones cerradas de vivienda (segregando y destrozando la vida cotidiana), el incremento del área vial para el auto o el acrecentamiento -innecesario- del espacio público. Y por supuesto, dadas las características de la zona, la oferta de una infraestructura hotelera (resorts), que apueste por la ‘racionalidad’ productiva, creadora de empleo, decisiva a la hora de privatizar las playas del norte del país (que hasta hace una semana, quizás no eran -tan- conocidas para la depredación urbanística, o tal vez si, pero las condiciones de explotación eran distintas).

En general, volviendo a la idea central, es la sociedad la que produce sus espacios, y no tendría que ser de otra forma, cuando estos le han sido súbitamente arrebatados por un evento natural. Tampoco se debe pretender que las áreas destruidas se conviertan en laboratorios urbanos experimentales para la ciencia o la academia. Cuidado (arquitectos, urbanistas, planificadores), allí no tenemos una pantalla en blanco ni un interesante paisaje con gente, para medir, proyectar y representar un espacio. Allí donde había muchísima pobreza, pero también fértiles vínculos comunitarios y alegría, ahora hay un profundo dolor humano. La misma comunidad que ahora necesita de la solidaridad del Ecuador y del mundo, será la que en adelante necesite rehacerse por si misma. Vivir bien, vivir con dignidad, implica también aquello.

¿Será posible esta vez, que las instancias públicas en todos los niveles, además de prever y destinar los presupuestos, puedan planificar y diseñar el espacio con la gente, asegurar en la práctica y en lo formal la organización y/o pujanza vecinal, y facilitar a los vecinos la autogestión, sobre todo de espacios asociativos, de bienes comunes urbanos? ¿Podemos aspirar a que la academia sensible aprehenda ese espacio social, cotidiano, vivido y real, a la velocidad que la práctica exige en estas catástrofes, o será meramente instrumental en este proceso de evidente transformación social?.

Al momento, es tan importante ayudar y dejarse la piel en ello, como aferrarse a la vida. ¿Y luego qué?, luego prevalece una situación crítica, que a mi modo de ver, dejará algunas ventanas abiertas, por las que podríamos observar la eficacia de la urbanización del capital, dadas las condiciones de mercantilización, especulación y privatización del suelo; o el modelo tecnocrático institucional que planifica, diseña y gestiona con las formas ya conocidas desde arriba hacia abajo; o finalmente otra ventana, ansiosa de esperanzas, por la que miramos a un segmento de la sociedad que se pone de pie, y en su dolor, sueña con su transformación. Esta poderosa energía social (colectiva/colaborativa) podrá reducir las desigualdades, pero -disputando y venciendo- en las luchas por la justicia espacial y el ejercicio del derecho político a la ciudad, de la mano con las instituciones, eso solo, si ellas deciden usar la llave de la transformación real: actuar desde el principio con la gente.