¿Existe un tejido asociativo en su ciudad? Si logra reconocer ese tejido, ¿de qué tipo es: obrero, parroquial, barrial, vecinal o tal vez ciudadano? ¿Cree usted que se han dado las condiciones para su fomento? Dado que estará pensando en alguna organización en particular, ¿considera que ese tipo de organización cuenta con capacidades de articulación, proposición e incidencia en sus propias condiciones de vida?

Quizás ‘eso que hay’ es una desfasada estructura de dirigencia barrial o parroquial, que tiene una sola posibilidad, marcada por el aparato central, como espacio de cooptación y clientelismo electoral. Si es así, ¿qué rol cumple la democracia urbana en la actualidad? ¿Será una forma de dominación primitiva? Por tanto, ¿necesitaremos más y mejor democracia en nuestras ciudades? Claro que si. ¿Y entonces qué acontecimientos tienen que ocurrir para desmantelar una tecnocracia participativa, institucionalizada, ‘ciudadanizada’, inamovible en nuestra cómoda vida urbana?

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Primero, intentar despertar del sueño neoliberal generalizado. Empezando por plantearnos, ¿qué es eso de humanizar, feminizar la política, politizar lo urbano y llevar los conflictos de la ciudad a su traducción y resolución en la vida cotidiana? ¿Desde dónde? A partir de la crítica radical, la autogestión y la política de lo cotidiano. ¿Cómo? Formando ‘bandas de garaje’ con vecinos, preocupados o no, relajosos o no, que quieran desconfigurar la calle, luego la manzana, el barrio, y así sucesivamente. Allí dentro, en el garaje prestado, habrá que intentar comprender: ¿qué, quién o quiénes mandan en la ciudad; qué rol cumplen el actual aparato municipal y la universidad en la cotidianidad, y en otro nivel: el urbanismo, la planificación, la economía o la arquitectura; y por supuesto, qué rol cumplirían todos estos agentes en el curso de los acontecimientos que queremos provocar?

Sólo conformando estratégicamente unas cuantas bandas de garaje que actúen como mecheros, colectivos y ensamblados, podremos ser capaces de encender la luz para desvelar las trampas de la democracia local y proponer su transformación en el horizonte de ‘lo urbano’ (como un todo rural-urbano, sin centro ni periferias), y en el marco de ‘lo cotidiano’ en apego a un nuevo humanismo radical.

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